
El libro fue escrito y publicado en 2005 y la carrera de la humanidad, en estos tres años, no ha bajado la velocidad, sino todo lo contrario. Muchas de las ideas y "probabilidades" que Friedman acusa en él, ahora son realidades consumadas y vivimos con ellas, habiéndolas absorbido sin casi darnos cuenta.
El boom de los call centers es una de ellas. Es emocionante pensar que puede ser que, dependiendo a dónde efectuemos una consulta, recibiremos la respuesta desde lugares muy distantes de nuestra ciudad, como República Dominicana, Argentina o El Salvador, para solucionarnos el problema de la PC o con nuestra tarjeta de crédito internacional, de la misma manera que en Guatemala atendemos llamadas de muchos otros países con nuestro idioma o en inglés, debido a que, viéndose venir este cambio, los jóvenes -que son los que ocupan estas plazas laborales- han buscado la manera de tener un alto nivel en el dominio de este idioma.
Y claro, globalizar no es solamente esto, tiene muchísimas aristas. Todo redondeado por el crecimiento veloz de las comunicaciones y la tecnología, que nos han llevado casi sin tocar el suelo, volando de un avance a otro, para hoy vivir eslabonados a aparatitos que hace veinte años ni siquiera soñamos que llegaríamos a tener. De tal cuenta es que los agricultores de lugares de difícil acceso como el Triángulo Ixil, en el nor-occidente de mi país, tiene ahora la manera rápida y eficiente de hacer negocios para exportar sus productos, gracias a los celulares; o la inmediata atención y toma de decisiones ejecutivas, a través del fantástico y adictivo blackberry. Ni hablar de cómo nos enteramos, en cuestión de minutos, de los aconteceres en los más apartados lugares del planeta, porque las cadenas noticiosas emiten los datos por la tv por satélite. Y si queremos enterarnos de lo que sucede en un vecindario de Londres, Bangalore, Sidney o Montevideo -para nosotros, absolutamente lejano- visitaremos cualquiera de los miles de blogs que ya existen en internet y que nos proporcionan información al detalle de cualquier tema que pueda ocurrírsenos.
Un tema trillado éste, tocado y retocado diariamente por muchas personas que lo viven y experimentan. Tanto como nosotros, en Equinox, en que la globalización llegó lentamente, paso a paso, casi desapercibidamente; que nos ha unido y permitido compartir el día a día, como también los acontecimientos más importantes y profundos de nuestras vidas, a pesar de la distancia que nos separa.
La llegada de muchos amigos y columnistas a nuestras "páginas", desde lugares antes imposibles de accesar con facilidad, como los Balkanes o el Congo, haciéndonos llegar, de primera mano, momentos increíbles en donde el espíritu humano crece y demuestra su grandiosidad; o historias escalofriantes, conmovedoras o indignantes, que también evidencian hasta dónde puede llegar la humanidad. Los textos llegan desde los lugares más alejados de mi escritorio, en Guatemala, para ser trabajados y "pegados" al cuerpo del semanario y, desde acá, se van todos hasta la Avenida Rivera, ahora, desde donde salen hacia miles de pantallas en igual número de sitios alrededor del planeta.
Sin embargo, más allá de esto tan interesante, a mí me ha permitido crear vínculos importantes. Nexos tan fuertes como el que más dentro de mi familia consanguínea. A través de las letras, las comas, los espacios, los silencios, he aprendido a ver. A sentir, a conocer. Cuando se habla de la facilidad con que muchas personas mienten a través del chat o del correo electrónico, tengo que contraponer mi propia experiencia: la facilidad con que somos nosotros mismos, con que descubrimos en los otros, allá, detrás de los símbolos, colores y formas, cerebros que analizan y piensan en la misma sintonía, corazones que laten por las mismas emociones, padres que anhelamos para nuestros hijos -en tantas culturas y costumbres diferentes entre sí, pero iguales al mismo tiempo- vidas plenas, productivas y exitosas. Depende de nuestra actitud hacia el otro.
Equinox ha sido, a través de estos siete años trabajando con Bocha Obes, la amalgama que nos ha fortalecido y mantenido unidos. He conocido otras maneras de pensar, estilos de vida, experiencias y reacciones impensadas; y ha crecido el afecto y el respeto por los ahora amigos, que también toleran mis diferencias o disimulan para no darle importancia a mis malos momentos. Así, a través de las letras, la globalización también llegó a nuestras propias cuevas, como jamás ninguno de nuestros antepasados soñó que llegaría a ser. O quizás sí...
Para los soñadores de ayer, antecesores y piedra de base de los soñadores de hoy, Bocha y su Equinox Fin de Semana son la materialización de muchas ilusiones.
¡Felices diez primeros años a la familia Equinox!
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