
Por aquellos años sesenteros, él era un muchacho exitoso. A sus diecinueve años era DJ de una de las radios más escuchadas por la patojada de esta ciudad. Su presencia en el micrófono era dulce, romántica pero dominante, conocía muy bien el gusto y la moda musical del momento y sus admiradores aumentaban día a día.
Lo conocí unos pocos días antes de yo cumplir quince años, cuando acompañó a un amigo mutuo a visitarme. Su mirada penetrante me conquistó enseguida y lo que empezó como un simple enamoramiento, se transformó -con los años- en un cariño profundo y sincero, después de haber finalizado el tiempo turbulento de los celos y la inmadurez.
Su carrera como DJ se diversificó, su trabajo se hizo más serio y cuando parecía que todo estaba bien, fue diagnosticado con esclerosis múltiple. Recuerdo muy bien cuando me lo contó, con una mezcla de desesperación y rabia. En ese momento, los médicos le dieron diez años de vida. De eso, hace más de treinta... y todos los médicos que lo diagnosticaron, no están más en este plano.
Durante todos es años, largos y áridos en muchos sentidos, él ha sido el ejemplo de persistencia, amor a la vida, valentía y coraje. Jamás vi a nadie que venciera a la adversidad como él lo hace.
Ayer lo visité y hablamos mucho. Del pasado, del presente. El futuro, como muy bien sabemos, no existe. Y eso Leonel lo tiene claro. El futuro es nada más un pensamiento y para él, ni eso, no le otorga importancia. Se limita a vivir, como debe ser, el día a día. Momento a momento.
Ayuda a otras personas con dificultades similares, con conflictos adictivos, con enormes demonios. Y de esa manera, logra mantener los suyos bajo control.
Su vida tuvo que modificarse y le presentó la urgencia de cambiar de rumbo y de actividades. Lo obligó a renunciar a todo lo que cualquiera anhela o posee. Pero en esa renuncia encontró que hay otras maneras de vivir, desconocidas para la mayoría de nosotros, inconscientes de ellas. Y desde allí, con su enorme energía, la misma mirada profunda, la sonrisa luminosa y arrobadora, continúa Viviendo -con mayúscula- y haciendo que los que estamos, de alguna manera, ligados a él, vivamos también en su ejemplo, admirándole.
Una historia maravillosa que no se encuentra todos los días. Una vida que tocó la mía y que, agradecida, mantengo firme a mi lado.