
El término fue tan poco usado o conocido, que muchas personas dicen "femicidio"; en la actualidad, su uso se está volviendo corriente y se escucha o lee cada vez más acerca de él. El caso es que se trata del exterminio de la mujer en el patriarcado. Y este país, hablando en términos genéricos, es un patriarcado en el que, por supuesto, abundan el machismo y la misoginia.
Con una herencia tan fuerte como la española, que llegó arrasando con todo y con todos cuando Pedro de Alvarado puso pie en esta tierra en 1521, la ferocidad y crueldad de este hombre quedaron grabadas en las pieles de hombres y mujeres nativos, así como en las pupilas de los españoles que lo acompañaron en su terrible conquista, a sangre y fuego, de nuestros antepasados. Cuando la segunda esposa de Alvarado, Beatriz de la Cueva, llega de España a Guatemala en 1534, acompañada de un número importante de damas españolas que llegaron para casarse con españoles radicados en esta tierra, él se refirió a ellas como "una buena mercadería que no se le quedará en la tienda" (*), siendo así, ya que las casó a todas con sus correligionarios, cobrando altas dotes por ellas. Para estos españoles, las mujeres no eran más que objetos útiles... y dependía para qué.
Nuestra sociedad actual guarda resabios de esa violencia y desprecio por la vida que los conquistadores demostraron sin reparos; y el profundo patriarcado que vivieron nuestros antepasados nativos ha llegado fresco, sin contratiempos, hasta nuestros días, con lo que la vida de nuestras mujeres no ha sido, no es y no será fácil.
Si a todo esto sumamos las condiciones de violencia generadas por la delincuencia común y el narcotráfico, el cuadro que se pinta no es halagüeño. Durante muchos años, las diferentes organizaciones femeninas creadas para el efecto, se esforzaron en lograr que las leyes guatemaltecas consignaran el término feminicidio, con la consecuente legislación, para castigar las acciones que se ejecuten para causar daño a las mujeres de esta tierra, por el simple hecho de serlo.
Para muchas féminas será un alivio saber que podrán buscar ayuda para superar la violencia intrafamiliar, sea física, sicológica o económica; que podrán contar con refugios -para ellas y sus hijos- en donde les proporcionarán no sólo hospedaje sino también la ayuda legal, sicológica y de seguridad para salvaguardar sus vidas.
¡Cuánta mujer soporta la convivencia con un energúmeno porque económicamente no tiene ningún apoyo y no sabe o no puede salir a la calle para trabajar y sacar adelante a sus hijos! Ni hablar de las que son asesinadas por hombres-bestias que las odian tanto que terminan con sus vidas sin el menor arrepentimiento, porque piensan que la mujer debe obedecer al hombre, la mujer es parte de su cuerpo (por la historia aquella de la costilla), porque la mujer no tiene derechos...
Cuántas mujeres hay en esta tierra que han buscado la ayuda de los jueces y alguno de ellos las ha devuelto a su "hogar", diciéndoles que es su deber estar en su casa y atender a su marido, que seguramente la golpea porque ella algo hizo que provocó que la "corrigiera". O cuántas hay que no pueden tener acceso al dinero que genera su trabajo ya sea criando animales, ayudando en las siembras y cosechas, vendiendo en el mercado. Mujeres que no tienen derecho a visitar a un médico porque cualquier dolencia que tengan es como si no estuviera sucediendo; o que no pueden ni tan solo soñar con ser propietarias de nada, ni tan siquiera de un teléfono celular. Que viven a la sombra del hombre: primero el padre, después los hermanos, a continuación el marido y, por último, los hijos, siendo consideradas menos que a los animales que crían o a las cosechas que levantan. O que no tienen acceso a la educación, porque eso es cosa de hombres. Mujeres que paren un hijo cada nueve meses, que jamás tienen acceso a la educación sexual y que si en algún momento pretenden utilizar algún método para espaciar los embarazos, son acusadas de ser prostitutas o tener un amante.
Aunque la legislación no es garantía de cambios (esos deberán generarse a través de la educación y las nuevas generaciones están avanzando en eso) sí será un alivio y una esperanza saber que existirán condenas de entre 25 y 50 años, sin reducción de pena por ningún motivo, para todos aquellos ombres (así, sin "h") que se arroguen el derecho de decidir sobre los bienes más elementales y sagrados de las mujeres, empezando por su vida.
A lo lejos, en el horizonte, se ve salir el sol. Y ese sol, sale para todos.
* De "Guatemala: linaje y racismo, Marta elena Casaús Arzú, F&G Editores, 2005