Es políticamente incorrecto emitir opinión a favor del machismo, la violencia, el control de la información, el racismo, el anticlericalismo, la xenofobia, la pena de muerte, la homosexualidad y mil cosas más que, a través de los años, los seres humanos aseguramos haber ido superando (eso queremos creer) y nos damos golpes de pecho públicamente, aunque en nuestra intimidad despotriquemos a gritos en contra de todos y de todo.
Y no falta más que poner atención -un poquito más que de costumbre- para realizar que todavía permanecen en nuestro cerebro muchos pensamientos políticamente incorrectos. Basta con que los eventos opriman la tecla indicada, en nuestro interior, para verlos saltar sin remedio.
No hace falta mucho para confirmar que, a pesar de que todos los días protestamos por vivir en esta sociedad machista, las madres han hecho lo posible porque esta cultura se afiance y permanezca cuando crían hijos (hombres y mujeres) dependientes, inútiles, servidos y perezosos, que son incapaces de servirse un plato de comida -mucho menos de llevarlo de regreso a la cocina y lavarlo-, de tender su cama, de lavar su propia ropa o de levantarse temprano sin que su madre llegue de madrugada a despertarlos porque no pueden pensar en poner la alarma del reloj o del celular para que suene a la hora indicada.
Ni hablar de las familias que obligan a sus hijas a atender a padre y hermanos al nivel de esclavas, impidiéndoles tener una vida normal, con salidas y distracciones propias de la edad, a menos que antes cocinen y sirvan los alimentos, laven y planchen la ropa y atiendan a los hombres de la casa. ¿Cómo no va a prolongarse esta manera de vivir, si las jóvenes crecen y viven en ella, asumiendo que es lo normal? Y en los medios de comunicación, aparecen todos los electrodomésticos del mundo para regalar a la pareja en el Día del Cariño, a las madres en su día o para Navidad. Hay mujeres que sueñan con que les "regalen" una lavadora para poder facilitarse el trabajo de lavar la ropa... ¡de sus hijos e hijas adultos!
Me irrita la repetición del tema del genocidio judío pero no por él en sí mismo, sino porque demuestra la falta de interés de todos los seres y gobiernos del mundo, salvo el judío, para hacer evidentes los odios raciales con los que convivimos diariamente. Nadie dice nada cuando se nos escapan comentarios peyorativos en contra de los indígenas latinoamericanos, por ejemplo, porque los descendientes de europeos que llegaron a estas tierras nos sentimos superiores a ellos en todos los aspectos de nuestra vida, sin detenernos a pensar que la situación actual por la que atraviesan esos pueblos nativos no es más que el resultado de políticas ancestrales -pero actuales, en muchos casos- de opresión, esclavitud, rapiña y genocidio. ¿Cómo viviríamos nosotros si por el color de nuestra piel, nuestro cabello o nuestros ojos se nos considerara inferiores, sin darnos la más mínima oportunidad de crecer y desarrollarnos? Sin embargo en mi país, por ejemplo, cuando alguna persona es necia, es frecuente escucharnos decirle: "¡No seas india!"
Nos escalofríamos por la violencia que vemos diariamente en nuestras ciudades, en los noticieros, en los diarios. Y nos preguntamos porqué nuestra sociedad vive inmersa en este mal tenebroso. A ver... Talvez si no gritáramos a nuestros hijos cuando están pequeños y hacen alguna travesura; si no pateáramos al perro cuando se orina en la sala; si no insultáramos al conductor que se nos atraviesa en la calle, imprudentemente; si no respondiéramos con agresividad a nuestra pareja cuando estamos de mal humor; si no... si no... si no... La lista es larga.
Nos ofuscamos porque en Cuba, la información sale a cuentagotas y sólo a través de los medios oficiales; pero si un medio de nuestra ciudad publica alguna verdad sobre el partido político de nuestra simpatía -sobre todo si está en el poder-, desearíamos asegurarnos de que nunca más vuelva a suceder y propugnamos medidas que limitan esa fluidez que antes pretendíamos defender en otros casos.
Que nadie aborte, que todas las mujeres engendren y paran los hijos que "Dios les mande", no importa en qué circunstancias hayan sido engendrados. ¿Y qué tal si una banda de mareros viola a mi hija y de este hecho queda embarazada? ¿Seguiré desgañitándome en contra del aborto, aún en estos casos?
Hace unos días, mientras veíamos en la televisión la noticia del asesinato sangriento y salvaje de una niña de seis años a manos de un par de delincuentes en el paroxismo de su alcoholismo y drogadicción, en medio de nuestra indignación y frustración porque la ley no es aplicada correctamente, me descubrí deseando, muy profundamente, que a este par de bestias les hubieran aplicado la pena de muerte (que en Guatemala está vigente, pero no se aplica), en lugar de darles 30 años de sentencia. No sólo porque mantener durante ese tiempo a criminales de este tipo, con más de 10 ingresos por delitos varios, me parece una falta de respeto a la gente honrada que trabaja y paga impuestos, sino porque generalmente la permanencia en las prisiones hace que los condenados vivan cómodamente, haciendo "maestrías" en todas las artes del crimen organizado y cuando salen, llevan consigo mejores contactos y más conocimientos del "negocio". No estoy segura que alguien que tiene veinte ingresos por asaltos, robos, portación ilegal de armas, violaciones y así, en aumento, tenga interés en ser reinsertado a una sociedad que vive de rodillas ante las mafias y el narcotráfico. ¿Entonces?
Y es que SER políticamente correcto no es fácil. En ocasiones, no es deseable. A veces, es hasta hipócrita. Creo que todo depende de qué lado del río estemos observando el hecho que juzgamos. A lo mejor, si estamos en la línea de fuego, nuestro juicio sea diferente a si, simplemente, lo vemos lejano, cómodamente sentados en la comodidad de nuestro pensar. Y por supuesto, cambiar las leyes y las raíces de nuestro diario vivir en América Latina, debería ser lo más importante para todos.
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