sábado, 14 de junio de 2008

LOS VIAJEROS


Viajar es vivir. Y nada más emocionante y satisfactorio que hacer realidad un viaje largamente soñado.

Desde que se visualiza el lugar a donde queremos ir, pasando por el convencimiento de poder llevar el sueño a la acción, planificarlo y madurarlo, día a día, hasta la culminación total: tomar el pasaporte, el boleto y la maleta y salir rumbo a nuestro destino.

Pero hay otra cara de los viajes. La del que espera a que la persona viajera llegue hasta donde están esperándola, ansiosamente, amigos y parientes. Todos aquellos involucrados en la recepción a su llegada o de la compañía placentera y feliz durante el tiempo que dure su estadía.

Porque se hacen muchos castillos en el aire con el reencuentro. Si será así o asá, si llegará cansada, si traerá deseos suficientes de visitar parientes casi olvidados, si todavía querrá comer aquel platillo que antes le gustaba tanto, si... si... si... Y por mucho que pensemos y analicemos todas las opciones, nada podrá darnos ninguna certeza sino hasta el momento en que el abrazo de bienvenida rodee a nuestro muy ansiado visitante.

Podremos ver, entonces, las mismas chispas en sus ojos cuando se destape una botella de su bebida favorita; o volverá el rostro, iluminado, al aroma de sus dulces preferidos; quizás sonreirá mientras se lleva a la boca un bocado del platillo típico que tantos años tiene sin probar. Los reencuentros con los nuestros ausentes, tienen ese saborcito adorable de la complicidad de ayer.

Pero, ¿qué hay de los amigos que nos visitan por primera vez? Allí la historia es otra, porque deberemos presentar a nuestra tierra de la mejor manera que podamos. Engalanaremos nuestra mesa con las viandas mejores, adornaremos nuestro espacio con las flores más frescas y aromáticas, serviremos la fruta más dulce y jugosa, calmaremos la sed del medio día con la bebida más refrescante, reuniremos a los amigos y familia para festejar con alegría... Pero para llegar a realizar estas acciones, primero nuestra mente jugará "tuero" con las muchas posibilidades que barajaremos para, finalmente, elegir las opciones que nos parezcan las más indicadas.

¿Saldremos de día? ¿Iremos a almozar o a cenar? Nuestra visita al interior será ¿al norte o al occidente...? La reunión será ¿en tu casa o en la mía? Y así, paso a paso, haciendo una elección a la vez, iremos formando la trama de nuestro tejido, el que presentaremos felices a nuestros invitados.

Es así que la próxima semana estaremos recibiendo a nuestros amigos Salva y Pancha. Después de año y medio de haber tenido la alegría de ser recibidas y atendidas en su linda casa en Punta del Este, podremos retribuir, de alguna manera, su hospitalidad. Deseamos que sus expectativas se vean colmadas y que sus ojos lleven en la pupila el color de mi tierra, para que puedan contar a su retorno que los hombres y mujeres de maíz de este país indígena los recibimos con alegría y nos sentimos honrados con su visita.

¡Bienvenidos sean!

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